…si es de Los Compadres tu padre, es bueno. Al paso que voy, ese será el slogan que le repetiré a Emma en nuestros desayunos con pan casero 🙂

Dicen que tener descendencia te cambia la vida y no deja de sorprenderme hasta qué puntos tan insospechados puede llegar esto. A base de no dejarme dormir, Emma ha conseguido que me tome el café con leche sin azucar, ¡impensable hace sólo unos días!

Aunque no ha sido mérito suyo, sino de la gente de webos fritos, llevamos días sin comprar pan. Estando a solas con un bebé y una KitchenAid KSM 150 (o una Thermomix, o cualquier máquina decente para amasar) se tarda menos en hacer pan, incluso con una mano mientras se acuna un bebé en el otro brazo, que en ir al supermercado ¡con todos los preparativos que eso implica con un bebé!

El truco está en no complicarse mucho, la receta del Pan Milagro es muy sencilla y a prueba de torpes. Ya voy por el el 4º pan y aún no he causado ningún desastre, todos han salido ricos a pesar de algunos pequeños defectos causados por mis salvajes experimentos.

El primer pan lo hice siguiendo la receta original, pero midiendo las cantidades con un vaso medidor de cristal, lo cual no es precisamente muy preciso. Sin embargo, como ya dije esta receta es a prueba de torpes, ya que la propia masa irá dictando muy claramente si te hace falta más harina (cuando está floja y pegajosa) o le falta más agua (cuando está demasiado seca y se quiebra).

La imprecisión de mis primeras medidas me llevó a tener que rectificar las proporciones añadiendo un poco de harina varias veces, pero aún así la masa acaba quedando estupenda una vez encontrado el punto, que no es nada difícil. También es posible que haya una sutil diferencia en la capacidad de absorción de líquidos de la harina blanca (comparada con la harina que usan en webos fritos), pero eso en esta receta no es un problema. Todos los ingredientes necesarios que no solía tener en casa son:

  • harina blanca
  • levadura fresca

Además de harina de fuerza (310 gramos) y levadura fresca(*) (15 gramos), todo lo que necesitas es agua (175 ml), un poco de aceite de oliva (20 gramos) y un poco de sal. La máquina para amasar es opcional, esta receta admite manos inexpertas, no hace falta saber amasar. Aún no lo he intentado porque rara vez tengo las dos manos libres estos días, pero me fío de la gente de webos fritos 😉

La primera vez seguí la receta al pie de la letra, salvo que tuve que añadir harina a la masa varias veces porque quedaba muy pegajosa, debido a los problemas indicados anteriormente. Sin embargo, y a pesar de otros problemas que aún no había descubierto, el resultado fue un pan bastante decente:

  • Miracle Bread

Esas partes que se ven un poco más oscuras están, en efecto, un poco chamuscadillas, por novato. La receta original indica sólo 40 minutos de horno a 220 ºC (sin precalentar, ¡con un par!) pero nuestro horno es un poco lento y a los 40 minutos el pan tenía casi aspecto de estar crudo. A base de esperar a ver si dejaba de verse crudo, a los 60 minutos, empezó a verse tostado en las crestas. Ahí fue cuando decidí que era mejor no pegarle fuego y lo saqué. Sólo se tostaron esas puntitas, el pan quedó bien hecho y la miga rebota, recuperando su forma original tras apretarla con los dedos. ¡Milagro! 😀

Imagínate la satisfacción y fascinación que produce ver salir algo así del horno cuando sólo has metido una bola de harina con agua y dos cositas más, ¡es genial! Mejor aún, esta receta admite muchas variaciones, es estupenda para experimentar. El primer experimento que hice, antes de cambiar ningún ingrediente, fue simplemente dejar la masa reposar (levando) 30 minutos justo antes de meterla en el horno. El resultado fue un pan mucho más grande (más del doble) y tan volátil que no hay foto. Estaba demasiado bueno y no me dio tiempo a sacar la cámara 😀

Animado por tan buenos resultados, el siguiente experimento fue muy atrevido: usé únicamente harina integral. Nada de mezclas, toda la harina integral, ¡con un par! Con esta harina, tuve el problema contrario en cuanto a la proporción de sólidos y líquidos: tuve que añadir un poco de agua (10 ml) porque la masa se quebraba. El resultado no estuvo nada mal, pero el tiempo de horneado es definitivamente superior con harinas integrales. 50 minutos no fueron suficientes, la miga se despegaba del fondo del pan, creo que porque no estaba del todo hecha. La próxima vez que lo intente con harina integral haré como hice con el primero: lo sacaré del horno cuando se empiecen a chamuscar las crestas de los cortes 😀

Tras tres panes y dos tandas de magdalenas, me quedó claro que iba a ser muy difícil seguir refinando los experimentos sin una báscula de respostería (o báscula de precisión). Decidido a no volver a intentarlo con las magdalenas midiendo a ojo, ayer salí de excursión a Zúrich a ver qué podía encontrar. Dentro de lo caro que es todo por aquí, encontré ésta en Manor por €24 y me gusta mucho:

  • báscula de respotería

Esta mañana volví a la harina blanca y averigué, midiendo con cuidado, que cuando webos fritos diga 310 gramos de harina de fuerza yo tengo que usar 320 gramos de harina blanca, incrementando la cantidad en un 3.2% para compensar la diferencia en su capacidad de absorción de líquidos. También bajé el tiempo de levado a 15 minutos y subí el tiempo de horneado a 55 minutos. Como el aire es muy seco en casa (aquí y ahora), puse una servilleta húmeda sobre el pan (sin tocarlo) durante el tiempo de levado. Así ha quedado el que, de momento, es mi mejor pan:

  • Miracle Bread

Es una lástima no tener polvos de color verde intenso que no pierdan el color con el calor del horno 😛

Otro experimento que me queda pendiente: conseguir que el pan quede cubierto con semillas de sésamo y que no se caigan al cortarlo. Lo intenté con el tercer pan (el de harina integral) pero el aceite de oliva no es suficientemente pegajoso para mantener las semillas en su sitio. Podría pincelarlo con huevo batido, pero preferiría algo con un acabodo más seco. ¿Sabes cómo podría hacerlo?