En los viejos tiempos, cuando los hombres eran hombres y revelaban sus propios negativos, los fotógrafos aficionados (de profesionales no soy quién para hablar) nos concentrábos en hacer las fotos bien en la cámara y no solíamos preocuparnos mucho del post-procesado. Obtener una ampliación en positivo era una parte importante del proceso de realizar la imagen final, pero no se consideraba post-procesado tal como lo entendemos a día de hoy. La manipulación de imágenes era mucho más cara y tediosa que ahora, por no decir que a menudo se consideraba hacer trampa. Muchos ni recortábamos:

La mayoría de fotografía en 35mm se esforzaba en obtener una composición final ajustada en el momento del disparo, y a veces esto llevó a una cultura de demostrar el acto a base de enseñar los bordes del carrete en la ampliación final —una forma de decir “manos fuera” una vez que el se disparaba el obturador.

Michael Freeman, The Photographer’s Eye — traducción mía del Chapter 1 The Image Frame

Puestos a citar a Michael Freeman, no puedo dejar de señalar una de las mejoras citas sobre la fotografía en general, también suya:

Las decisiones importantes en fotografía están relacionadas con la propia imagen: las razones para captarla y el aspecto que adquiere. La tecnología, por supuesto, es vital, pero lo más que puede hacer es contribuir a llevar a cabo las ideas.

— Michael Freeman, El Ojo del Fotógrafo — traducción tomada de 14th Bird Eye.

En aquellos tiempos de emulsiones de gelatina, sales de plata, baños de vinagre, cuartos oscuros, … ordenábamos negativos y las diapositivas, como buenamente podíamos, en archivadores y cajitas, con unas pocas anotaciones a rotulador y unas pocas etiquetas. Nada que ver con la flexibilidad que otorgan los soportes informáticos a la hora de tener un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio.

Gracias al estándar Exif, hoy podemos adjuntar multitud de información útil a las fotos: dónde y cuándo hiciste la foto, qué representa, quién aparece, por qué la hiciste, a quién pertence (si es tuya o no), … incluso datos técnicos que la cámara no añadiría, como sucede con la gran mayoría de cámaras de película. Todo esto hace que cada foto sea más fácil de encontrar cuando la necesitas, algo muy apetecible cuando tu colección de fotos crece más allá de lo que tu memoria puede gestionar sin ayuda. Con 20.000 fotos y una niña en camino, tengo muy claro que mi memoria no da para tanto 😀

Quiero dedicar este artículo a mi gran amigo Jacobo de Vera, que siempre sabe cómo movitarme para abordar nuevos projectos. Ambos tenemos ahora el projecto de nuestras vidas, ser padres, que seguramente nos llevará a acumular fotos como nunca lo habíamos hecho. Por ellas 😉

Aviso: en este articulo describiré cómo utilizo las aplicaciones multi-plataforma para gestionar fotos con las que trabajo. Si no conoces algunas de estas aplicaciones, espero que mi anterior artículo te ayude.

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