Desde que emigré hace unos cuatro años, no tengo ordenador de escritorio. Hasta hace poco más de un año esta situación era óptima, porque tampoco tenía un escritorio en casa. De hecho, desde hace más de un año, no utilizo mi único ordenador personal, está viejo. Aunque soy medio feliz así, supone un reto a la hora de gestionar mi colección de (unas 20.000) fotos.

Mantener varias copias, distribuidas en varios portátiles, no ha sido el mayor de los problemas estos años. Lo bueno de las fotos es que sólo son ficheros. Mejor aún, ficheros en formatos muy populares, como JPEG. Los vídeos presentan ciertos retos por la diversidad de formatos en uso, pero nada grave.

Lo más difícil ha sido encontrar un conjunto de aplicaciones que, al menos en su mayoría, pudieran instalarse en cualquiera de estos portátiles. Un Dell y un Toshiba con Linux, un MacBook 13″ con Linux, un MacBook Pro 15″ y un MacBook 13″ con Mac OS X, un Dell Studio 15.4″ con Linux y Windows Vista… los MacBook Pro eran prestados, así que no les puse Linux, pero ganas no me faltaron nunca. Y aunque nunca me vi en la necesidad de usar Windows, tampoco cerré la puerta a esa posibilidad.

Como era de esperar, sobre todo porque no estaba dispuesto a pagar por estas aplicaciones, la gran mayoría de éstas son Software Libre, el resto son simplemente gratuitas. Una de mis prioridades (y la recomiendo) ha sido no depender nunca fuertemente de ninguna de estas aplicaciones. Si una o más desaparecen algún día, sería molesto pero no supondría ninguna pérdida de información.

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