Este artículo y su par de fotos tienen casi dos años, me da pena borrarlo pero tengo claro que no lo voy a extender así que ahí va.

Hace algún tiempo, desde una isla un tanto remota, Miss. Susan Sto-Helit escribió un artículo para El Puercoespín, sobre el libro de recetas Nanny Ogg’s Cookbook.

Algunas de las recetas de este libro brindan imaginativas formas de descubrir nuevas definiciones del dolor y el sufrimiento en indigestiones de más de mil años, pero ¿no se supone que que un libro de cocina debería brindar formas de disfrutar la comida? Los placeres más intensos para el paladar quedan fuera del alcance de las recetas de libro.

Es en las anti-recetas, ese puñado de ideas anti-culinarias –y a menudo anti-dietéticas– que no dejan de ser parte fundamental e integral de la dieta clásica de las islas británicas, donde se encuentran placeres que pueden convertir el paladar en un expectáculo de fuegos artificiales y hacerte dejar de pensar… hasta en eso en lo que siempre estamos pensando.

La delicia más simple es un simple huevo suavemente hervido, apta para empezar o terminar el día. Esta simpleza, conocida en España como huevo pasado (por agua), contiene un potencial escondido que tal vez no hayan descubierto en las regiones lejanas al Mediterráneo. Hierve suavemente (sólo 5 minutos) un par de huevos, y cómete uno. No hay que estar (muy) loco para que te guste, pero si quieres algo realmente excitante cómete el otro con una pizca de sal y algo de aceite de oliva, virgen extra si te gusta más fuerte.

El problema de la comida hervida es que no es higiénica, hervir no mata todos los microbios. Además, nada mejor para obtener las más deliciosas combinaciones de los cuatro grupos alimenticios (azúcar, almidón, grasa y tropezones crujientes chamuscados) que echar todo en la sartén y pegarle fuego hasta obtener una colección de sabrosos Objetos Visualmente No Identificables, ricos en el último grupo alimeticio aunque un poco difíciles de empalar. Si hay algo mejor que el pan de molde, sólo puede ser el pan frito. Y ya sabéis la regla: si no se fríe no merece llamarse desayuno.

  • Unidentified Fried Object
  • Fried stuff

Pero sin duda el mayor de los placeres se esconde en la oscuridad del chocolate, cuyo impacto queda mitigado por la (insana) costumbre de comerlo siempre que puedes desde tu más tierna infancia. Pásate dos años sin probar nada de chocolate y verás como su sabor cobra una nueva dimensión cuando vuelves a él.

Esas tazas de cacao (cocoa) con su grasita flotando, bien conocidas desde la infancia, son a mi entender una inocente tapadera para que no descubramos placeres ocultos como los granos de café tostados recubiertos de chocolate. ¡Sí, existen! ¡Y están de muerte!

Tened cuidado con estas cosas, puedes llegar perder tu funciones vitales por un instante. No lo hagas si tienes fama de ser persona inexpresiva y vestir siempre de gris.