Con mucho retraso –por una buena razón– sigo el meme que me lanzó María, a quien se lo lanzó Reena. No esperes un meme con la calidad del de Jake, no me he retrasado por querer hacerlo mejor sino porque me daba vergüenza dejar ciertos huecos vacíos.

Un día laborable en mi rutina comienza teóricamente a las 7:00 con un vibrador en mi la mesa de noche. Mi vecina polaca tiene el sueño muy ligero, así que como no mantenga el móvil (mi despertador) en silencio podría no salir vivo por la mañana.

En verano, desgraciadamente y a pesar de mis cortinas opacas, el día puede comenzar tan pronto como sale el sol y entra algo de claridad, alrededor de las 5:00. Demasiado temprano por la mañana para ser temprano por la mañana, maldigo la ausencia de persianas en las Islas Británicas e intento volver a dormirme. Últimamente consigo no despertarme antes de las 6:00 poniéndome la braga en la cabeza, pero debo encontrar algo que me la apriete menos.

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Esto es así las semanas que entro a trabajar a las 9:00 o a las 10:00, cuando entro a las 8:00 simplemente se adelanta todo una hora y punto –excepto el amanecer, por suerte. En cualquier caso, a menos aún sea de noche –en invierno– mi primera visión del día es la evolución de una mancha oscura a una mancha clara.

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Tras dar los buenos días al primo irlandés del Señor Roca –para quitarme las legañas– me visto y bajo a desayunar llevándome la mochila (que siempre tiene lo mismo) y mi librito.

Mi desayuno es algo variable a rachas, últimamente estoy siguiendo la costumbre británica del té y el tazón de cereales con leche y alguna tostadita cuando me acuerdo y me da tiempo.

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Durante el desayuno, con el reloj a la vista, tomo mi primer vistazo a los blogs y el correo. Otra visita al primo de Roca –para fregarme los piños– y no más tarde de las 8:10 salgo de casa hacia la parada del Luas. Camino unos 5 minutos hasta la parada, donde el tiempo de espera es menor de 2 y 4 minutos alternativamente, por lo que siempre me adelanta al menos uno.

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Tras un trayecto de 10 minutos en tranvía estoy en Sandyford, donde una miniguagua privada me lleva en 15 minutos al Cherrywood Science & Technology Park y me deja en la puerta de Dell Ireland.

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Mi puesto está en la segunda planta, en el Dell EMEA Enterprise Expert Centre. En la primera planta está lo más importante de todo el edificio: el café bueno :-)

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En esta nueva foto de mi escritorio en mi trabajo hay varios huevitos de pascua pero ninguno es de chocolate. El ratón a la izquierda no es casualidad, realmente soy zurdo con el ratón para poder usar la diestra con el bolígrafo y el teléfono sin tener el ratón por medio estorbando. El café con chocolate se está convirtiendo en un sabroso añadido algunas mañanas cuando me olvido del té negro. Con mucha azúcar, como siempre me ha gustado a mí el café, dulce :-)

Del trabajo no hablo porque ahora que ya lo tengo bastante dominado empieza a parecerme rutinario y aunque todos los días aprendo algo nuevo y lo pasamos bien compartiendo las anécdotas –a veces no muy graciosas– de nuestros casos… pues que tampoco es algo emocionante y divertido que apetezca llevarse a casa para compartirlo con la familia y los amigos. A parte de que no estaría bien andar contando las intimidades de mis clientes :-P

Lo que sí puedo contar sin problemas es que el pasado viernes el director del EEC hizo una breve reunión en el centro del área –no hay más paredes en mi departamento que los ventanales que nos protegen del clima– a la que no pude asistir –porque estaba al teléfono ayudando a un cliente– y en medio de la reunión oí que me llamaban… que raro, pensé, mientras indicaba que no podía acudir señalando el auricular con el dedo. Cuando terminé con la llamada me acerqué a un compañero y me dijo que fuera a ver al director, que tenía algo para mí… que raro, pensé de nuevo, mientras me dirijo a él. Resultó que en reconocimiento a mi esfuerzo por estar disponible para los clientes todo el tiempo posible me regalaron un mechero USB de 512M y una camiseta :-)

Esto no sucede todos los días pero sí que hay algo similar en algún equipo o departamento casi todas las semanas. Luego además pasó la jefa del equipo al que me gustaría cambiarme repartiendo helados de cucurucho y que buenos estaban, que me cayeron dos :-D

Para terminar con el tema de la oficina dejo aquí un intento de panorámica de la vista que hay a través de la pared –que es a su vez la ventana– desde donde está mi equipo. Mil disculpas por no haber cuidado la exposición de las tomas :-(

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Al terminar mi turno me espera en la puerta otra miniguagua privada que me deja en Sandyford y de ahí con el Luas de vuelta a casa en el barrio del molino.

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Desde que llego a casa hasta que me voy a dormir no hago nada realmente destacable, al menos no por costumbre. Antes aprovechaba los jueves –que las tiendas cierran más tarde– para ir a comprar al centro, pero eso se acabó desde que descubrí que en el Dundrum Shopping Centre cierran a las nueve de lunes a viernes :-)

Ahora que vivo a sólo 15 minutos del centro (antes estaba a más de una hora) debería salir a pasear un par de tardes a la semana y de hecho es mi intención. A la rutina semanal espero incorporar un par de días de natación y de septiembre a noviembre clases de inglés para prepararme para el CAE. En cuanto a lo de salir de compras los jueves, hoy me toca hacer la compra del supermercado :-)

La falta de actividades regulares por las tardes me lleva a pasarlas entre cocinar –un par de veces en semana–, cenar con el portátil delante, pasarme las horas conectado a Internet comunicándome –seamos sinceros: pasteleando sin hacer nada productivo– y finalmente ducharme e irme a dormir.

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Y con esto, y que nadie me despierte, hasta mañana a las siete :-)