Como decía el otro día, el teclado de Sham –mi nuevo portátil– es un dolor. Es tan dolor que he aprovechado la excusa de no poder salir de casa para echarle paciencia y reordenarlo para que sea más usable. Por cierto, lo de no salir de casa no es broma, estamos teniendo un fin de semana con vientos de unos 55 km/h –un viento de 70 km/h levanta a cualquiera del suelo. En la escala de Beaufort tenemos ahora mismo lo que llaman gales –vendavales, según Babelfish.

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