Casi sin darme cuenta, la Navidad se me echa encima… ¡y yo con estos pelos!

Es cierto que se la veía venir desde el mes pasado, pero a eso ya venía acostumbrado y simplemente lo ignoraba. Lo que no he podido ignorar es su llegada al trabajo. Este lunes apareció nuestra planta llena de globos navideños y hoy ví que la planta de abajo está llena de girnaldas. Además se ha acentuado aún más un tipo de actividad que apenas veía en Tenerife, no sé si se ve también en otras parte de España: la caridad.

Brian Age 10Los globos navideños que ahora adornan las oficinas donde trabajo están destinados a ir a un centro para niños huérfanos, al igual que la montaña de regalos –como este– que hay al pie del árbol de Navidad en la recepción principal. Se trata de regalos reales, cada uno destinado a un niño concreto. Lo que yo siempre había visto eran montañas de cajas envueltas en papel de regalo, pero vacías y sin nombre. Estos son regalos de verdad, destinados a niños huérfanos. Hasta ayer habían unas cestas con etiquetas como esta en la cantina, las reglas eran simples: sabiendo sólo nombre y edad –y suponiendo que adivinas por el nombre si es niño o niña– compras un regalo de no más de €20, lo envuelves y lo dejas en el arbolito. Supongo que el límite está para que queden todos más o menos igualados, pero no he podido evitar que se me fuera la mano… un poquito.

Tras considerar varias alternativas –unas cuantas propuestas por mi Santa Madre– caí en la cuenta de que no tenía forma de conseguirlas a tiempo, así que al final pedí consejo a la Devoradora Mayor de Libros y elegí un paquete de dos libros clásicos de Lewis Carroll: Alicia en el País de las Maravillas y Alicia a través del espejo. Reconozco que me pasé un poquito de presupuesto pero es que tenía que llevármelo. Espero que al tío gordo de rojo no le importe que también me tomara la libertad de incluir una nota firmada a su nombre.

Las actividades de caridad son algo que realmente me parecen abundantes aquí, mucho. Por lo que he visto en Tenerife –no he estado mucho en el resto del territorio español– cuando vas a comprar algo y dejas el cambio típicamente éste acaba en la misma caja registradora o en un bote, en cuyo caso casi nunca sabes qué será de esas monedas. Aquí siempre lo sabes: siempre es caridad –hasta donde yo he visto. En el trabajo está por todas partes: el bote de la cantina, los futbolines de la sala de recreo, el precio simbólico de la cena de Navidad (€10), de la guagua alquilada que luego te lleva a casa (€2) y cualquier otra actividad similar. Por su parte, el cuerpo de Bomberos de Dublín está vendiendo un calendario de bomberos calientes para recaudar dinero para las sociedades contra el cáncer y la esclerosis múltiple. Todo para caridad, típicamente para hospitales o niños –o ambos.

En la calle, sobretodo ahora en Navidad, las recogidas de monedas para hospitales infantiles y orfanatos se disparan. Esta tarde me acerqué al centro de Dublín y estaba lleno de chicos y chicas jóvenes con camisetas blancas distintivas y cubos –de al menos 15 litros– pidiendo monedas para un hospital infantil. No es que fueran un par de personas con tazas y pegatinas, esta gente tenía cubos bien grandes y se veía que estaban bien organizados.

Creo que esto dice algo importante de lo bien –para cierto valor de bien– que va la economía en este país. Si no fuera tan bien no se organizarían tanto para pedir monedas, no les valdría la pena. El hecho de que necesiten dinero para un hospital infaltil probablemente sea un síntoma más de lo poco cuidado que está el sistema sanitario de este país, pero no me voy a meter con eso todavía.

Lo que sí es bien cierto es que aquí se vive mejor que en España. Al menos en términos de empleo, condiciones de trabajo, salarios y nivel de vida –que no calidad de vida– y eso debe estar haciendo que más gente esté más dispuesta a donar dinero de una forma u otra. Del clima no vamos a hablar que me enciendo :-P

Es curioso que aún haya gente que me pregunte por qué vine a Irlanda –o por qué salí de España. Eso a mis compañeros polacos no les pasa, todos sus amigos saben perfectamente por qué están aquí. Sirva como pista el hecho –real– de una chica polaca que trabajando como camarera en un restaurante gana más ¡sólo en propinas! de lo que gana su padre en Polonia trabajando como médico. En España no se está tan mal, pero con la moda del mileurismo también está el panorama feo, aunque al parecer no lo suficiente como para ser absolutamente obvio y evidente.

Me estoy yendo por las ramas, se nota que tengo algo de sueño.

Por cierto, si un tío gordo de rojo te agarra y te mete en un saco… traqui, no te preocupes… será que alguien te pidió por Navidad ;-)