Casi sin darme cuenta, la Navidad se me echa encima… ¡y yo con estos pelos!

Es cierto que se la veía venir desde el mes pasado, pero a eso ya venía acostumbrado y simplemente lo ignoraba. Lo que no he podido ignorar es su llegada al trabajo. Este lunes apareció nuestra planta llena de globos navideños y hoy ví que la planta de abajo está llena de girnaldas. Además se ha acentuado aún más un tipo de actividad que apenas veía en Tenerife, no sé si se ve también en otras parte de España: la caridad.

Brian Age 10Los globos navideños que ahora adornan las oficinas donde trabajo están destinados a ir a un centro para niños huérfanos, al igual que la montaña de regalos –como este– que hay al pie del árbol de Navidad en la recepción principal. Se trata de regalos reales, cada uno destinado a un niño concreto. Lo que yo siempre había visto eran montañas de cajas envueltas en papel de regalo, pero vacías y sin nombre. Estos son regalos de verdad, destinados a niños huérfanos. Hasta ayer habían unas cestas con etiquetas como esta en la cantina, las reglas eran simples: sabiendo sólo nombre y edad –y suponiendo que adivinas por el nombre si es niño o niña– compras un regalo de no más de €20, lo envuelves y lo dejas en el arbolito. Supongo que el límite está para que queden todos más o menos igualados, pero no he podido evitar que se me fuera la mano… un poquito.

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