Ya somos dos
Publicado por Miguel Ángel a las 05:52
Hoy aterrizó en San Francisco International Airport el colega (literalmente) y una vez más me lo pasé pipa con el coche perdiéndome cada vez que intentaba llegar a algún sitio. En realidad llegar a la terminal internacional fue fácil, pero cuando seguí las indicaciones para llegar al aparcamiento desde allí –que eran básicamente vete a ese edificio enorme de ahí al lado– acabé en el aparcamiento de largo plazo (Long Term Parking). Un vistazo al mapa del aeropuerto resume la situación: la terminal internacional es la parte verde y el aparcamiento de largo plazo es la cosa azul más lejana
Me las apañé para volver a las llegadas internacionales y preguntarle, al mismo policía de antes, qué me había perdido para haber llegado tan lejos. La segunda explicación, adaptada para turistas torpes, me condujo al parking correcto… bueno, casi, a uno igual en frente, desde el cual hice la foto del anterior. Me llamó la atención la leyenda del escudo de la policía de San Francisco: Oro en la Paz, Hierro en la Guerra. Esto ésta lleno de español pero no oigo mucha gente que lo hable.
Mientras esperaba por su vuelo me di un paseo por las tiendas de la planta y encontré uno de mis objetivos en este país: los auriculares Plantronics Pulsar 590A, que tanto me había recomendado un colega en Dell. No me han costado tan baratos como en Amazon pero sí bastante más baratos que su precio original, sin duda habría sido bastante más caro comprarlos en Irlanda. Son muy cómodos e incluyen (590A, no 590) un adaptador universal que permite usarlos con cualquier DAP, llevándolo todo en cualquier bolsillo y nada de cables a mi alrededor
Mejor no me explayo con la aventura de visitar la oficina de Hertz en el aeropuerto, que estaba casi tan lejos –si no más– que el aparcamiento de largo plazo. Baste decir que el tipo de seguridad, cuando le pregunté por segunda vez –después de perderme y volver– me metió directamente en el garage para pasarle el marrón Migue a quien estuviera allí dentro. Luego volver al hotel fue coser y cantar
Pero no acaba aquí la cosa, pues teníamos que ir a cenar y había que coger el coche otra vez. Definitivamente, Estados Unidos es un país hecho para los coches, no te puedes mover sin uno. Realmente se entiende que dejen conducir a los chavales desde los 16 años, ya que si los padres –o alguien– no les llevan a todas partes, no tienen más transporte que la guagua del colegio –si la tienen– y poco más. Es horrible, todo tan grande y esparcido.
Pero mirándolo por el lado positivo, esta vez ya no tuve que conducir yo, a partir de mañana soy copiloto y me dedico a hacer fotos


