No queríamos volver de Galway, queríamos quedarnos allí, pero todo lo que tiene un principio tiene un final. Han sido dos días de mucha carretera –para nuestras escalas, oiga– pero bien lo han valido los lugares visitados y los paisajes disfrutados. Volveré :-)

Lo más asombroso del viaje para mí no han sido los Cliff of Moher ni el estado de las carretera, sino la abundancia de B&B en todas partes, hasta en los rincones más recónditos. Ideales para unas vacaciones en mitad de ninguna parte.

Lo segundo más asombroso, acerca de conducir al revés y por las carreteras de campo irlandesas, es que sigo vivo. Conducir al revés me resulta cada vez más fácil –me siento muy cómodo haciéndolo– y las carreteras tampoco están tan mal como las pintan, las carreteras de Anaga y Teno están mucho peor, más llenas de curvas y baches. Lo asombroso de seguir vivo es que no me hayan asesinado mis sufridos pasajeros, sigo siendo incapaz de conducir con suficiente suavidad… y las carreteras de aquí son muy divertidas :-D

Aún así, me alegro de haber elegido la opción de cubrir el trayecto entre Dublín y Galway en tren. La rapidez (2h 42m) y la comididad bien valen la pena el coste adicional y si uno viaja solo este coste es inferior al del combustible necesario para cubrir el trayecto. Además, me permite leer a la ida y escribir a la vuelta :-)

Sé que dentro de no mucho tiempo, tal vez mañana, no recordaré la mitad o más de las cosas que me gustaría recordar para la próxima visita, así que para futuras referencias –y lectores maratonianos– dejo aquí mis volátiles memorias, antes de que se evaporen.

Día 0 — lunes 3 de septiembre

Llegamos a Galway a las hora prevista –el tren fue muy puntual– y gravitamos hacia el Kinlay House Galway, donde tomamos una habitación entera para nosotros. No he estado en muchos hostels pero éste está muy bien –también lo hay en Cork y Dublín. El desayuno, aunque continental, te lo sirves tú mismo y es todo lo abundante que quieras, puedes repetir cuando quieras. Se sirve de 7:00 a 9:30 y son muy puntuales cerrándolo. Tienen wifi gratis para los portátiles y además te regalan media hora de Internet en sus ordenadores si reservas mediante Hostel World :-)

Para cuando salimos a pasear ya eran como las 19h y la mayoría de comercios estaban cerrados, sólo quedaban abiertos los pubs y restaurantes. No acercamos a ver el Spanish Arch, que tal como me habían avisado no era nada del otro mundo. Ni siquiera da para una bonita puesta de sol.

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Para cenar nos metimos en el Home Plate, un pequeño restaurante con platos bien grandes y hasta baratos, por casi €28 comimos los cuatro hasta no poder movernos. La sopa (€4 con pan y mantequilla) está buena pero si no te gusta el picante asegúrate de preguntar no vaya a ser que te toque una con mucho curry, como la que nos tocó el jueves. Las hamburguesas y bocadillos (€7-10) también se pueden acompañar con sopa ó papas fritas (+€1) y están muy ricos. El favorito de Laura. Hasta el aguacate estaba bueno :-)

Cuando logramos levantarnos fuimos a buscar música al Taaffe’s Bar, que aunque ganó el premio al mejor pub musical de Irlanda en un par de años, justo aquel día estaba flojillo. Dado que no tuvimos música en ningún otro pub, el ranking sigue como estaba, pero sólo porque no incluyo a los buskers, porque éstos son buenos:

Una pinta más y nos volvimos al hostel, donde pude planificar el recorrido del día siguiente gracias a la conexión wireless, la guía de Irlanda de Lonely Planet (2006) para elegir los destinos y Google maps para prepararme indicaciones para los recorridos por carretera. Naturalmente, a menudo cambiamos los recorridos, improvisando sobre la marcha, con la ayuda del mapa AA 1:300.000 y una brújula para los puntos oscuros.

Día 1 — martes 4 de septiembre

Recogimos el coche (un Nissan Almera maroon), llenamos el tanque y salimos por la N59 hacia Cliffden, capital de Connemara, desviándonos por la R344, poco antes de Recess, para atravesar las montañas de Connemara camino del Connemara National Park.

La primera parada iba a ser Oughterard (Uachtar Ard) para ver el Lough Corrib, pero nos entretuvimos por el camino visitando el Aughanure Castle y tuvimos que dejar la visita al lago para el día siguiente. El castillo no era gran cosa pero tampoco nos arrepentimos de visitarlo.

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A lo largo de la pillamos buenos paisajes de las montañas de Connemara, que estaban cubiertas por nubes y lloviznaba, incluso al día siguiente cuando en Clare cascaba el sol a base de bien.

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La verdad, no entiendo cómo no hay miradores para parar un momento el coche y bajarse a contemplar el paisaje y, ya puestos, hacerle fotos. Supongo que no los hay porque a nadie parece importarle que pares el coche en mitad de la carretera, te bajes y te tomes tu tiempo. Con el tráfico que hay, hasta las guaguas para turistas lo hacen.

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Montañitas lindas, lagos y muchas ovejas. Una zona muy bonita pero me quedé con las ganas de ir con mucho tiempo y el equipo completo para retratarla a mis anchas. Estas fotos no son mías sino que las he robado vilmente de cámaras ajenas :-P Mis fotos están enrolladitas esperando a revelarse :-D

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El parque nacional es para visitarlo con tiempo para caminar, en ambos sentidos. Hay tres rutas para caminar, con distintas longitudes, pero con la niebla que había no íbamos a poder ver mucho, así que nos dimos un paseo corto por los alrededores del centro de visitantes.

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En el pueblo más cercano, Letterfrack (Leitir Fraic), se encuentran los parajes donde se rodaron las escenas de carreras de caballos de la película El hombre tranquilo (1952), pero íbamos con prisa para el paseo en Cleggan. Nos fuimos a Cleggan (An Cloigeann) tras llamar al Cleggan Beach Riding Centre (095 44746) y reservar dos caballos para pasear por la playa.

Elegimos el paseo corto (€35 c/u) porque sólo Laura y yo íbamos a montar, pero hay opción de dar un paseo de tres horas, llegando hasta la isla de Omey, que bien debe valer la pena. La pena son las agujetas en los abductores, porque los caballos son todos tan gandules (adecuados a turistas inexpertos, como yo) que por más que les insistas no se ponen al trote a menos que se lo digas bien. No tengo fotos del paseo pero estoy esperando recibir un e-mail de otro turista que nos hizo unas cuantas. Mientras tanto, pueden imaginarme a lomos de una yegua pasota en camiseta bajo la llovizna :-)

Eran ya las 17:45 cuando salimos de Cleggan, por lo que fuimos directamente a Roundstone (Cloch na Rón) pasando de largo por Cliffden. Desgraciadamente, llegamos tan tarde (pasadas las 19h) que ya había cerrado Roundstone Musical Instruments, la tienda del luthier Malachy Kearns que fabrica bodhrans. De hecho, el pueblo estaba desierto y sólo quedaba abierto el taller de un alfarero, donde me compré unos vasos de media pinta y unos gemelos decentes, en Dublín son todos horrorosos.

De regreso a Galway por la N59, me equivoqué en un cruce y me metí por la carretera de la turbera de (Roundstone Bog) llena de baches pero que bien mereció la pena entrar para ver el paisaje. En cuanto conseguí dar la vuelta al coche –apenas cabía atravesado– me bajé para hacer algunas fotos, pero me volví en cuanto noté que al pisar costaba menos hundir el pie que sacarlo, con riesgo de quedarme atrapado en la turba.

Era ya de noche y el regreso a Galway se nos hacía largo por el hambre, así que paramos a cenar en un pub de Oughterard. No recuerdo cómo se llama, aunque sabría volver, y la comida estaba buena. Dice Laura que la sopa de marisco estaba soberbia. El favorito de mi madre.

Llegamos a Galway tan tarde –pasadas las 22h– que ya no quedaban ganas de ir a ningún pub, por lo que nos perdimos la sesión de baile que tienen en el Monroe’s Tavern todos los martes.

El recorrido total en carretera fueron unos 200 km. y debieron llevarme unas cuatro horas netas de conducción.

Día 2 — miércoles 5 de septiembre

Empezamos por ir a ver el Lough Corrib, el lago más grande de (la República de) Irlanda, que no tuvimos tiempo de ir a ver el día anterior. Hay un par de negocios de alquiler de alquiler de botes, pero no teníamos tiempo para tanto.

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Esta foto sí es mía y que bien me lo pasé metiéndome en el lago para hacer fotos a mis anchas, mientras mi madre me reñía primero –es la costumbre– y me hacía fotos luego :-)

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Volvimos por la N59 a Galway y sin entrar en la ciudad continuamos hacia Kinvara por la N6 primero, la N18 después y la N67 finalmente. No visitamos el Dunguaire Castle, donde vivió Gogarty, sólo lo vimos por fuera, pero nos paramos a tomar un café y ver el muelle.

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Con hambre y necesidad de un té bien cargado nos dirigimos a Ballyvaughan (N67 20.4 km y la R479 300 m). Allí comimos en Tea Junction, mi favorito, donde tienen un desayuno irlandés vegetariano contundente por si mismo y no digamos ya si se le precede con el cuenco de avena (Porridge) que pedí como entrante. La camarera se quedó bastante sorprendida de que me lo comiera entero. 10 horas después aún no había terminado de digerirlo y a la mañana siguiente no tenía hambre :-D

  • The Tea Junction at Vallyvaughan

En la tienda de souvenires del pueblo no compré más que un par de postales, pero la simpática señora que nos atendió me dio un valioso consejo: invertir la ruta que había planeado. Mi plan era atravesar el Burren por la R480, pasar por Kilfenora y entrar a los Cliff of Moher por el sur para luego regresar a Galway por la N67. La ruta era buena, pero recorrida en ese sentido tendríamos los paisajes a nuestras espalda. Con las energías renovadas por la avena y el té triple que me sirvieron por pedirlo fuerte, nos asomamos al Pier pero no había mucho que ver.

Continuamos pues por la N67 hasta Lisdoonvarna y de allí siguiendo las señales llegamos a los Cliff of Moher, que por falta de tiempo no recorrimos en su totalidad. Por el camino, en medio de un valle muy bonito, encontramos las únicas curvas de verdad cerradas, que había que tomar en segunda y con cuidado…

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… aunque nada comparadas con las carreteras de Anaga, como demuestra esta escena:

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No nos tomamos mucho tiempo para ver los Cliffs of Moher, por lo que no los recorrimos de punta a punta como nos habría gustado. Aún quedaban sitios por ver y eran ya las 18:50 cuando abandonamos el aparcamiento (€8 del ala) y apretamos hacia Lisdoonvarna.

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Tomando la R476 fuimos a Kilfenora, donde no había mucho que ver salvo algunas cruces celtas bastante grandes en los restos de lo que tal vez sea la catedral más pequeña del mundo.

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Estaba tan bajo el sol que salimos rápido hacia la R480 pero el sol se puso tras las colinas mientras buscaba en vano el acceso al Dolmen, así que sólo pude verlo desde la carretera en una temeraria fracción de segundo.

De vuelta en Ballyvaughan apuré para llegar al Pier antes de que el sol se pusiera del todo, en vano una vez más. No saqué gran provecho de mi única ocasión de ver un ocaso en Irlanda (hasta ahora) pero a cambio presencié la increíble escena de dos niñas bañándose en el muelle, con flotador, aletas ¡y gafas de bucear!

Nos acercamos al padre y charlando preguntó mi madre qué tenían esas niñas en la sangre para sobrevivir en ese agua tan fría, a lo que él respondió Irish Whiskey! :-D

Ya de noche volvimos a Galway por donde mismo habíamos llegado a Ballyvaughen. El Recorrido total en carretera fueron unos 210 km y debieron llevarme unas cinco horas al volante. De nuevo, llegamos a Galway tan tarde que ya no quedaban ganas de ir a ningún pub.

Día 3 — jueves 6 de septiembre

Había que dejar la habitación libre a las 10:30 pero pudimos dejar las maletas en el hostel e irnos de paseo por el centro de Galway. Ahí podrían mejorar un poco el hostel, etiquetando las maletas o algo, pero por el ambiente del sitio da la sensación de que no hace falta.

No visitamos museos ni nada porque las chicas se metieron al centro comercial del Eyre Square y los chicos nos fuimos de paseo por la zona peatonal. Allí encontramos una pareja hacía muñecos con globos y reté al chico a caricaturizarme, con mochila y cámara incluidas. No les quedó nada mal :-)

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El artista en cuestión se llama Victor Forja y la pareja tiene por nombre artístico Moonshine. Él habla cuatro idiomas y sospecho que el castellano será uno de ellos.

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Compramos un par de libritos en la tienda de música Four Corners, donde tienen los bodhráns de Malachy Kearns que no pude babear en Roundstone, y nos fuimos de nuevo al Home Plate a comer algo antes de subirnos al tren. En esta ocasión nos topamos con que la sopa del Home Plate cambia cada día y aquel día tocaba sopa picante, con mucho curry, que Laura no se pudo tomar. Muy amablemente se la retiraron y le trajeron el siguiente plato.

Para la próxima vez…

  • Repetir en Galway, el Kinlay House y Home Plate, probar suerte en el Taaffe’s Bar y volver a comer en Tea Junction
  • Visitar el Connemara National Park con tiempo para dar un paseo largo por sus senderos
  • Meterme en Roundstone Musical Instruments, que seguramente tenga mucho sobre lo que babear
  • Roundstone Bog, la carretera se atraviesa en 15 minutos y está desierta, ideal para tomar sus paisajes
  • Hacer el paseo a caballo hasta la isla de Omey, pero mejor hacia el final del viaje porque las agujetas en los abductores van a ser apoteósicas

Y no dejar para el último momento la organización aproximada del itinerario y los planes. Me encanta que los planes salgan bien. Y si no sale bien… no lo sé, improviso sobre la marcha :-D