No queríamos volver de Galway, queríamos quedarnos allí, pero todo lo que tiene un principio tiene un final. Han sido dos días de mucha carretera –para nuestras escalas, oiga– pero bien lo han valido los lugares visitados y los paisajes disfrutados. Volveré :-)

Lo más asombroso del viaje para mí no han sido los Cliff of Moher ni el estado de las carretera, sino la abundancia de B&B en todas partes, hasta en los rincones más recónditos. Ideales para unas vacaciones en mitad de ninguna parte.

Lo segundo más asombroso, acerca de conducir al revés y por las carreteras de campo irlandesas, es que sigo vivo. Conducir al revés me resulta cada vez más fácil –me siento muy cómodo haciéndolo– y las carreteras tampoco están tan mal como las pintan, las carreteras de Anaga y Teno están mucho peor, más llenas de curvas y baches. Lo asombroso de seguir vivo es que no me hayan asesinado mis sufridos pasajeros, sigo siendo incapaz de conducir con suficiente suavidad… y las carreteras de aquí son muy divertidas :-D

Aún así, me alegro de haber elegido la opción de cubrir el trayecto entre Dublín y Galway en tren. La rapidez (2h 42m) y la comididad bien valen la pena el coste adicional y si uno viaja solo este coste es inferior al del combustible necesario para cubrir el trayecto. Además, me permite leer a la ida y escribir a la vuelta :-)

Sé que dentro de no mucho tiempo, tal vez mañana, no recordaré la mitad o más de las cosas que me gustaría recordar para la próxima visita, así que para futuras referencias –y lectores maratonianos– dejo aquí mis volátiles memorias, antes de que se evaporen.

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