Un fin de semana en Dublín
Publicado por Miguel Ángel a las 23:53
El pasado fin de semana mi amigos Jake y Su vinieron a pasar un medio fin de semana en Dublín aprovechando una de esas increíbles ofertas de Ryanair de vuelos a €0.01.
Como lo prometido es deuda — en realidad no he prometido nada– aquí dejo mi versión de los hechos, con sus detalles escabrosos y algunos detalles sueltos de Irlanda que me han venido a la mente al leer la versión de Jake.

Esta entrada no contiene fotos mías porque apenas hice fotos este fin de semana –y las pocas que hice no son publicables
– pues estaba demasiado ocupado disfrutando de la compañía
así que a ver si el señor Jake se digna a publicar algunas, que son bien dignas de ver, como esta con Mr. Gingerman
El (medio) fin de semana fue intensivo, pero para mi gusto nos entretuvimos haciendo demasiadas paradas. Esto fue en parte culpa mía por no planear absolutamente nada más allá del alojamiento, en parte culpa de Jake por su calzado y en parte culpa de todos por la novelería de querer verlo todo
Al final mi sensación fue que no vimos casi nada, muy poco, en contraste con la sensación que le quedó a Jake de haber visto Dublín entero. Sólo vimos un castillo (Dublin Castle), dos librerías, tres pequeños restaurantes, cuatro calles (O’Connell, Henry, Talbot y Grafton), un par de tiendas de souvenires y un largo puñado de tiendas de zapatos. Dublín es pequeño, pero no tanto
La verdad es que Dublín es una ciudad, para mi gusto, acogedoramente pequeña. En efecto no parece una capital de país, ni siquiera para mí que apenas he visto Londres de pasada y no he visto Madrid (no la ciudad). Es una ciudad en la que las calles están llenas pero te puedes mover, incluso vi, aquel mismo domingo, un chico patinando por las aceras de O’Connell a través en medio de la gente que paseaba.
Desde el aire, por lo que pude ver cuando llegué hace 5.5 meses casi a medianoche, Dublín por la noche es un extenso manto de oscuridad con pequeños y dispersos grupos de luces en forma de ruedas de bicicleta, sin nada que las conecte unas con otras. La iluminación en las carreteras es muy escasa, por lo que sólo podía ver los barrios (cuyos nombres suelen terminar en town). No pude identificar algo a lo que llamar ciudad, sólo barrios aparentemente aislados.
Según acabo de consultar en la Wikipedia, la isla de Irlanda tiene poco menos de seis millones de habitantes, con 4.2 millones en la República de Irlanda y sólo medio millón en la capital, Dublín. Según esta misma fuente, Canarias tiene dos millones de habitantes.
En cuanto al aire de Dublín, no me extaña que huela similar al de Inglaterra. Irlanda ha sido penada por la Union Europea por ser uno de los países más contaminantes de Europa (si no el más) y no precisamente por los motores de los vehículos que puede tener el país, sino por las cantidades literalmente industriales de turba que se quema para calentar los hogares. El aire muchas ciudades Irlandesas huele a turba quemada, lo disfruto cada tarde cuando llego a casa del trabajo. Hasta se venden trozos de turba como souvenires para que te lleves el aroma de Irlanda contigo. ¿Y esto que tiene que ver con Inglaterra? Fácil, aquí siempre sopla viento, mucho viento o muchísimo viento, de componente Oeste o similar, por lo que este aroma tan delicioso no se queda aquí sino que se exporta amablemente a Inglaterra
Cambiando radicalmente de tema, el español es probablemente uno de los cinco idiomas más hablados en Irlanda por número de personas que lo hablan. Por este mismo criterio el primer idioma es el chino mandarín (fuente: Lonely Planet Irlanda 2006) y no sé si el segundo será el inglés (de Irlanda) o el polaco. Los españoles somos la tercera mayor comunidad extranjera en Dublín y creo que también en Irlanda, superados con creces por los polacos y éstos a su vez superados en varios órdenes de magnitud por los chinos. Así es normal oir español en las calles de Dublín, aunque a mí no me parece tan frecuente –sobretodo comparado con el polaco, que ya lo distingo y todo
Pero volvamos a nuestra aventura del (medio) fin de semana…
Tras bajarme del Luas en St. Stephen’s Green eché a caminar subiendo bajando por Grafton Street, tal como me había indicado Su. No me preocupé mucho de encontrarles porque sabía que ya me encontrarían a mí más fácilmente, inconfundible gracias a mi mochila amarilla y mi chaqueta roja, como siempre. En efecto, a mitad de la calle oigo que me llaman por mi segundo nombre –¡tío bueno!– y ahí estaban, él diciéndole a ella ¿y creías que no le íbamos a ver?
Como era de esperar, tras el agotador viaje que habían sufrido, sus primeras palabras tras el saludo fueron ¡tengo hambre! así que aproveché la ocasión para probar el restaurante Yamamori Noodles en George Street. Allí nos zampamos dos raciones de seis piezas de maki, una ensalada (de nombre olvidado) y una sopa de miso por cabeza, por sólo €30. No nos pusimos ciegos como habríamos hecho en el Sakura de Santa Cruz de Tenerife, pero para ser Dublín estuvo muy bien de precio y nos gustó la comida.
Por el camino encontramos, por este orden, unas españolas buscando una iglesia (o catedral, que aquí es casi del mismo tamaño), la joyería de Gollum (¡Jake, esa foto!), una minicafetería con el menú de cafés cortados en perfecto español y una tienda de tés al estilo de la Cabaña del Té en Tenerife. Todo esto en cinco minutos en calles por las que no había entrado nunca, pero en medio de dos calles que tengo bastante pateadas ya.
El tiempo poco acogedor que tuvimos debió rondar los 10ºC sin apenas viento y con poca lluvia, una delicia para mi gusto. Tuvimos realmente suerte con el tiempo, el día antes estaba lloviendo más o menos decentemente y el lunes empezaron a sopar vientos de 40 km/h con rachas de hasta 75 km/h, perfectamente capaces de levantar a cualquiera en peso.
Con la barriguita llena y el corazón más que contento iniciamos la búsqueda de zapatos para Jake, pero las tiendas cierran temprano los viernes y pronto nos fuimos al B&B. Por el camino se presentó el primer detalle escabroso: intentar vaciar la vejiga en Dublín. Aquí no hay más remedio que gastarse el dinero en consumir algo en algún sitio, ya que en esta ciudad donde tanto se bebe los baños son muy estrictamente sólo para los clientes. Así le advertí a Su justo antes de que entrara al McDonnald’s –¿quién no se ha colado en un McDonnald’s para lo mismo?– y al rato, cuando ya pensábamos que la habían detenido, salió con una bolsa de fruta que tuvo que comprar para que el gorila de turno le dejara pasar al baño
Para esta ocasión reservamos una habitación triple en Sycamore House House, que sinceramente me decepcionó. Por no mucho más dinero nos hubiéramos alojado en Willow House, donde ya me alojé cuando vieneron a partir el año en Dublín Jonás, Rafa, Ángel y Rocío. Para ser justo debo decir que Sycamore House no está mal, pero Willow House me gustó más. En cualquier caso ninguno de los dos sirve un desayuno irlandés decente, en el aeropuerto está mucho mejor. Es posible que todas estas opiniones estén sesgadas por el auténtico desayuno inglés completo que tomé en Hastings casi a diario durante las tres semanas que viví en Millifont Guest House, en Hastings.
A la mañana siguiente, lo primero que hicimos fue salir disparados hacia Talbot Street para dejar las maletas en la consigna (left luggage) de un cyber chino cuya fachada es digna de ver, especialmente acompañada por la leyenda “aquí fue donde dejamos las maletas” (¡Jake, esa foto!). Esto de poder dejar las maletas en un cyber y recogerlas en cualquier momento, servidio 24×7, es parte del nuevo significado que cobran en Dublín expresiones como trabajo de chinos.
En la misma calle resolvimos también el problema de calzado de Jake, que se saldó con unas lindas botas de cuero negras para Su y hasta yo me compré unos zapatos, a ver si dejo descansar un poco los que tengo ahora. Los míos, por €30, fueron los más caros, algo al parecer no tan raro en Dublín como yo esperaba. Y no los compramos en Penney’s
Luego no recuerdo muy bien a dónde fuimos entre tanto andar y andar y andar y andar… recuerdo que pasamos por el Temple Bar un par de veces, de hecho allí fue donde almozamos y cenamos. El almuerzo lo pillamos en un pequeño restaurante mediterráneo con mezcla de cocina italiana, francesa e irlandesa. No recuerdo el nombre pero está en el mismísimo Temple Bar, entre el Quays Bar y el Temple Bar (el pub así llamado).
Aquí vino una de las mejores anécdotas: al terminar de pedir la comida Su pidió una jarra de agua, ante lo que no pude evitar aclararle a la camarera que esa jarra era sólo para Su y que por favor trajera otra para Jake y para mí. La camarera muy amablemente nos aseguró que así lo haría… y así lo hizo, apareciendo al poco con las dos jarras y diciendo haha, you thought I was joking?. Al final de la comida, como era de esperar, la jarra de Su estaba vacía y la nuestra iba por la mitad, lo que llevó a la misma camarera a formar tres Os en su cara y decirle a Su, simplemente, the toilet is downstairs. Por cierto, la camarera comida estaba bastante buena
Cubiertas las necesidades básicas –comer, dormir y demás– nos fuimos a ver el Dublin Castle, único lugar realmente turístico que visitamos, gracias a la persistente iniciativa de Su. Otro momento gracioso fue cuando Jake y yo nos afanábamos por encontrar el castillo en el mapa mientras Su nos decía es por aquí tras haberlo preguntado a una gente que venía del castillo. Lectura de mapas frente a comunicación, todo un clásico
La visita al castillo incluye un paseo guiado por las habitaciones de una parte del mismo que más parece un palacio o una mansión, todas lujosas. Tuvimos la suerte de que el guía tenía un acento estupendo y se le entendía muy bien, además de ser bastante simpático y hacer buenas bromas. No voy a contar ninguna, simplemente recomiendo la visita, es corta pero realmente vale la pena.
Entre la visita al castillo y un par de –inevitables– pasadas por Carroll’s se nos fue la tarde volando y a la hora de la merienda estábamos buscando donde cenar. Aún no salgo de mi asombro por la manera en que acabamos gravitando inexorablemente de vuelta al Temple Bar, donde cenamos unos crêpes sorpredentemente sustanciosos. Luego no recuerdo bien qué hicimos…
Hasta que llegamos, como no podía ser de otra forma, a meternos en el primer pub que encontramos. Aquí se juntaron un puñado de detalles escabrosos, empezando por el bautismo de cerveza que sufrió Jake al caer sobre él una jarra de cerveza abandonada. Tras cambiarle el sitio por si volvían a abandonar otra jarra de cerveza en tan mala esquina –¡mía, yo la vi primero!– decidí pedirme un café irlandés para intentar mantenerme despierto. Para mi gran sorpresa y asombro, Jake y Su se pidieron un café con Baileys. Por si fuera poco, y para gran sorpresa de todos, Jake se mandó el último trago como si fuera agua. No sé si ya se ha recuperado del desconcierto
Pero ahí no acaba la cosa. Con el único propósito de permanecer a resguardo en el pub me pedí media pinta de Guinness (en un vaso de chica, como le dicen fuera de Dublín) y luego, al descubrir que en la planta baja había algo de música en directo, me pedí una pinta entera por aquello de ¿media pinta? ¡pinta y media!. Ahí vino el último detalle escabroso, otro de los que no dejan de asombrarme. Con la inocente excusa de confirmar que no me gusta empezaron a restares sorbos de mi pinta y al final no sé si llegué a beber pinta y media o sólo una
A una hora prudente nos fuimos a recoger sus equipajes –yo recogería el mío a la mañana siguiente– y nos fuimos al aeropuerto a esperar a que éste despertara. Cuando llegamos al aeropuerto aquello estaba completamente dormido, apenas había gente y estaban casi todos durmiendo, incluso en un grupo de sofás con letreros de “prohibido dormir, sin excepción ninguna” donde hasta nosotros nos echamos una cabezadita. Eso sí, en cuanto abrieron los mostradores de facturación el aeropuerto despertó de su letargo y el que no despertaba era despertado por los guardias de seguridad. Las cosas de facturación, comparadas con la que hice al venir a Tenerife la última vez, me parecieron apoteósicas… división por cero –no hice nada de cola aquella vez.
Cuando Jake y Su se fueron hacia la puerta de embarque y me quedé solo en el aeropuerto pensé –iluso de mí– guagua y para casa. Mis ganas. Guaguas del aeropuerto a Dublín había cada hora hasta las 6 a.m. y luego cada cuarto de hora, pero un domingo la primera guagua que me trae de vuelta a Bray sale a las 9 a.m. así que salir del aeropuerto a las 5 a.m. no parecía una buena opción. En lugar de pasarme cuatro horas esperando la guagua tirado en O’Connell St. sin tener dónde guarecerme, me pasé tres horas en el aeropuerto intentando echar una siesta. La hora de diferencia se debe a que fui tan astuto de plantarme en O’Connel St. a las 8 pensando que eran las 9. Un rato de mosqueo porque la guagua no venía, corriendo al cyber a buscar mi equipaje –ya me parecía que iba demasiado ligero…– y otro rato de mosqueo porque la guagua no venía… y entonces me di cuenta de que había leído mal mi propio reloj, por segunda vez aquel fin de semana.
Cuando por fin llegué a casa el domingo pasadas las 10… no recuerdo bien qué hice, creo que sólo preparé la ropa de la semana –un buen rato de plancha– y me fui a dormir una siesta de 4 horas o más. Me levanté de la siesta, cené sonámbulo y me volví a dormir.
Y colorín colorado, espero que te haya gustado la crónica del fin de semana porque no creo que vuelva a escribir en algún tiempo. Estoy buscando casa para volver a mudarme, esta vez a la zona de Dundrum, con la excusa de que el casero piensa derribar la pared de mi dormitorio en un par de meses



Moe a las 12:00 del 9 de Marzo de 2007.
Bueno, si que habían detalles escabrosos. Pedazo post, por cierto xD.
Saludos,
Moe.
Reena a las 12:51 del 9 de Marzo de 2007.
Yo tengo una foto de la joyería de Gollum! jajaja
Buena suerte en la búsqueda!
Jake a las 14:24 del 9 de Marzo de 2007.
Tu enumeración de lo que vimos no hace en absoluto justicia a este viaje, o al menos no es el viaje que yo hice. No es esa enumeración lo importante, sino estar allí. Entiendo que para ti, que vives allí, se pueda resumir en eso, pero no cambiaría nada (excepto el agujero de mis zapatos) por ningún plan preconcebido que dictase qué paso dar en cada momento. Así es como me gusta viajar a mí al menos
Faltó en nuestras crónicas el pequeño detalle de mi momento precognitivo en el pub de la última noche: mientras el músico que aportaba ambiente a una de las salas se preparaba para su siguiente canción, dije: este se parece a Eagle Eye Cherry, y acto seguido empezó a tocar Save Tonight, que es una canción del Mencionado.
PD: Alguno de tus filtros de comentarios está mal, elimina todo el texto a partir de la primera comilla doble.
C-18 a las 18:39 del 9 de Marzo de 2007.
Ay, qué envidia me dais…
miguev a las 22:16 del 9 de Marzo de 2007.
Moe, culpa tuya que me picaste
Reena… ¡friki!
C-18, ánimo que cada día te queda menos para estar aquí y ser tú la que de envidia
Jake, desde luego mi enumeración no pretende resumir el viaje, ni tutyo ni mío, sólo quería decir que Dublín no es tan pequeño porque me extrañó mucho tu sensación de que lo habías visto todo cuando en realidad a penas vimos un trocito del centro. Para mí que vivo aquí Dublín es mucho más y sé que hay muchos sitios interesantes que ver a mi alrededor, pero por alguna oscura razón no suelo invertir los fines de semana en hacer turismo.
A propósito de resúmenes, mi resumen del viaje sería “estuvimos juntos y lo pasamos genial”
PD: Estas comillas no han sido filtradas, pero tu comentario anterior terminaba con \ donde creo que abristes comillas, ¿será porque era anónimo?
laurita a las 19:58 del 10 de Marzo de 2007.
olaa miguee!!!m alegro d q lo hayas pasado mu bien.
ya te contare
por cierto.. sabes k??…toque en la calle!! jejej
mas guay con bety, anita, adriana y paula
tkmm besos
laurita a las 20:00 del 10 de Marzo de 2007.
upss!! siento escribir asi fue un lapsus cerebral XD no volvera a pasar..
miguev a las 22:07 del 10 de Marzo de 2007.
Mi Laurita… un derrame cerebral es lo que te va a dar el día que consigas escribir bien, ¡del esfuerzo!
Desde luego, tanto tiempo queriendo verte tocar en la calle y te pones a hacerlo cuando no estoy, ¡no vale! Ya puedes seguir practicando, ¡quiero verte cuando vuelva!
laurita a las 23:03 del 11 de Marzo de 2007.
si!!! no dudes que seguire practicando!! el dia 20 tengo un concierto con la orquesta (yo de solista) y ya estoy muy nerviosa!!!!!!! besicos
angelhj a las 00:30 del 14 de Marzo de 2007.
Interesane el viaje, aunque buscaba información sobre el tiempo