Si la semana pasada fue intesa y casina, ésta no ha sido menos movida. Después de una semana fuera de casa, al volver me encontré con que la casa necesitaba de mis cuidados, especialmente en la despensa, donde los limones habían vuelto al color verde y estaban, literalmente, echos polvo. Esporas, para ser más exactos.
En medio de deshacer el equipaje –que no me llevó poco tiempo– tuve que vaciar, limpiar y redistribuir toda mi despensa, mi parte de la nevera, dos o tres cajones de los seis de mis mesas de noche y lo que, a falta de algo mejor, llamaré mi biblioteca. Me queda pendiente ordenar la parte del armario que queda detrás de las postales, pero no hay ganas


