Mañana a mediodía despego hacia Tenerife, por primera vez desde que vine a Irlanda hace 16 semanas. Tengo la extraña sensación de no saber cómo me voy a sentir allí, cómo voy a ver la isla desde mi nueva perspectiva –a parte de llena de obras.

Las maletas están listas y todo está arreglado excepto que no he impreso el correo de la reserva con Aerlinugs y no sé si me lo van a exigir en el mostrador de facturación. He llamado a su línea de helpdesk y me han colgado sin siquiera saludarme. ¡Empezamos bien!

Los próximos ocho días se presentan moviditos, mucho que hacer y no mucho tiempo. Mi misión para los próximos días –y deseo aceptarla– incluye:

  • Cenar con mis amigos el mismo día que aterrizo.
  • Desayunar con pan de sésamo tostado, ¡pan de verdad! :-D
  • Asistir al almuerzo familiar de Año Nuevo al día siguiente.
  • Pasar por el IAC para visitar a mi padre y un amigo.
  • Tomarme una copa 28 en el Gato Goloso con mi padre.
  • Tomarme un helado de Baileys en la mejor heladería de la isla.
  • Tomarme un café con Baileys en La Orchilla.
  • Pasar por la universidad para pillar a quien no venga a cenar mañana.
  • Arreglar la muela que no me arreglaron bien.
  • Arreglar mis –supuestamente indestructibles– gafas de titanio.
  • Arrasar con la Cabaña del Té.
  • Pasar por Decathlon, por si están de rebajas.
  • Aprovisonarme de medicinas para los próximos tres o cuatro meses.
  • Aprovisonarme de embutidos y otros alimentos raros en Irlanda.
  • Aprovisonarme de otros ingredientes difíciles de conseguir en Irlanda.

Para recargar energías también me propongo hincharme a plátanos, crema de bubangos (y otras recetas de mi madre), tortilla de papas y perejil (receta de su novio), papas con mojo (receta de mi padre) y cualquier otra receta o comida que eche de menos.

Como bien dijo mi jefa, volveré a Irlanda lleno de energía. Lo malo es que, como ya he visto suceder a mis compañeros, toda esa energía vendrá almacenada alrededor del ombligo :-D