… y así no se puede vivir. Viviendo con un irlandés y un polaco –la polaca no cuenta– no hay manera de vivir sanamente en esta casa. Yo que soy un chico tranquilo y sano me siento con mi portátil a cenar ensalada con salmón en la mesa del salón… y entonces aparece el irlandes…

La foto de la izquierda muestra menos de la mitad del bosque de botellines que se alzaba sobre la mesa, que a su vez no era la mitad de las que habían al cabo de un rato. La foto de la derecha muestra tres de las cuatro cervezas que me forzaron –¡yo no quería!– a beber después del culín de whiski… irlandés, por supuesto. Bueno, nos os preocupéis por mí, sobreviviré…


