Mucha suerte he tenido estas primeras semanas en Dublín, en ocasiones me ha costado creer la suerte que he tenido. En tres semanas conseguí trabajo y ahora tengo que conseguir habitación en menos de una semana. El lunes empiezo a trabajar y mañana mismo tengo que mudarme para vivir cerca del trabajo. A eso se le añade el corte del servicio de banda ancha en casa desde el pasado viernes hasta ayer y se entiende que no haya escrito desde el lunes.
Desde el lunes me he estado alimentando de cybers, que en esta ciudad hay a patadas. Tanto he usado los cyber esta semana que ya me cuesta más escribir código HTML con el teclado español que con el teclado británico, a pesar de que no he estado escribiendo código, lo prometo
He estado, casi exclusivamente, buscando habitación. Aquí las habitaciones vuelan, duran mucho menos que un caramelo en la puerta de un colegio. La mayoría de los anuncios para los que llamo me responden “Sorry, the room’s gone” y al final me quedan pocas alternativas.
La primera habitación que me han enseñado (enlace) la he rechazado principalmente porque está lejos de todo y cerca de nada. La casa está bien y los compañeros serían sido dos irlandeses y una irlandesa (bastante simpática) pero mi habitación sería una previamente ocupada por una pareja –al que el dueño echa de la casa– sin armario y sin sitio ni para una mesa pequeña. Con ese paronama y un precio nada seductor, quedó descartada en cuanto tuve otras alternativas.
La que ahora es mi primera opción (enlace) está en un apartamento al lado mismo del lugar de trabajo, aunque lejos de todo lo demás. La habitación tiene sitio de sobra para mí, la cama y una mesa de escritorio. La pega es que hay cola y hasta mañana no sabré si soy uno de los dos afortunados ganadores.
La siguiente opción (enlace) es atractiva por su localización y es bastante barata. La posible pega es que se trata de una familia y el padre se muestra muy receloso y cuidadoso a ver a quién mete en la casa. El hecho de que sea una familia no me echa para atrás, ya estuve con una familia en Agosto y me fue muy bien. Además económicamente estaría bastante aliviado.
Y la última opción –de momento– es la que desearía que fuera la primera. Una señora en Blackrock tiene dos habitaciones que ya están cogidas, pero si no encuentro nada mejor puedo quedarme en una de ellas dos semanas. Esto me daría tiempo para buscarme algo definitivo viviendo aceptablemente cerca del trabajo. Las habitaciones son las mejores que he visto en Irlanda, Inglaterra y España, la casa es genial y la zona me encanta.
Lo malo de todas las opciones es que ninguna tiene acceso a internet, y es que en este país la banda ancha está barata pero la gente no la usa. Al menos parece que todos los propietarios se muestran abiertos a la posibilidad de contratar la banda ancha si la pago yo –que lo hago encantado– puesto que el cable ya está instalado ¡para la televisión! Pequeñas diferencias culturales sin importancia
Así que en cuanto recuperamos la banda ancha en esta casa me voy a otra en la que no hay banda ancha, por lo que Radio Miguev

