lalaguna.jpgEn menos de 48 horas en Tenerife, apenas me ha dado tiempo a ver a mi familia y amigos más cercanos. En tan poco tiempo, sin embargo, me he dado cuenta de las cosas a las que me había acostumbrado y las que no. También de las cosas que echaba de menos.

Me había acostumbrado a las libras, todavía me resulta un poco extraño manejar euros, especialmente los billetes. Me había acostumbrado a la comida y sobretodo a su horario. No me había acostumbrado a circular por la izquierda, aunque cuando pienso en el lado del conductor de un autobús (no de un coche) visualizo el conductor a la derecha.

Echaba de menos las nubes, la brisa y el fresco de La Laguna. Echaba de menos dormir vestido y no pasar calor. Echaba de menos pasar un poco de frío por la mañana, dormir en La Laguna ha sido una delicia. Echaba de menos poder confiar en la máquina que uso para conectarme a Internet. Casi me salta la lágrima cuando pulsé F12 y ví a mi querido yakuake.

No había echado de menos a mis seres queridos porque no había tenido ocasión entre tanto jaleo –me tocó un grupo de adolescentes especialmente difícil. Probablemente el próximo grupo no de tantos problemas, con lo que tendré más momentos melancólicos, pero hasta mañana no sabré nada.

Apenas he tenido tiempo de ordenar y subir unos pocos vídeos y las más de 300 fotos del viaje –no todas visibles al público. Las mejores, en Flickr.