Se dice a menudo que la paz se lleva dentro y sólo dentro se puede encontrar. Desde luego cuando estás rodeado de adolescentes no hay otro lugar donde buscar algo de paz más que en tu interior, es una cuestión de actitud. He decidido que estoy harto de intentar que los susodichos se comporten como es debido, que se coman sus propios marrones.

Dedico mi tiempo a cuidar y ayudar a los poquísimos pocos que se comportan, a los demás que les caiga lo que les tenga que caer. Gracias a esta actitud –que además responde a las últimas órdenes de mi jefe– estoy teniendo unos últimos días bastante llevaderos. Terminé de leer Jingo y lo dejé en la estación de tren de Hastings, a ver a dónde va a parar. Quería retomar rebobinar la serie de las brujas con Witches Abroad, pero me tropecé Moving Pictures y aproveché la ocasión ;-)

Esta será seguramente la última vez que pueda acceder a Internet hasta que llegue a mi casa. Entre tanto tendré una excursión a Londres, una o dos noches para pintar la ciudad de rojo, unas seis horas de autobús, cuatro de avión y otra de coche. Cuando vuelva a Tenerife y me libre de todos estos críos ¡no me lo voy a creer! :-D