El 21 de julio de 2003 pagué €140 por una BENQ DC2300 que perdí a los cinco meses. El 10 de diciembre del mismo año compré otra idéntica, esta vez por €109, que murió sin motivo aparente en unos siete meses. A unos €28 ó €15 el mes, no se puede decir que me saliera barata.

El 16 de julio de 2004 decidí comprar una cámara a un fabricante de cámaras, en el establecimiento donde siempre hemos comprado mi padre y yo las cámaras, objetivos y demás. La elegida fue una Nikon Coolpix 2200, la opción más austera disponible en el momento, por €199. Después de aguantar caña durante 23 meses creo que €8.65 al mes no está mal. Estoy tan contento con esta cámara que no se la quiero dar a mi madre, prefiero regalarle una nueva.

Hoy he vuelto al mismo establecimiento, con la –extremadamente– inusual intención de comprarme una cámara. Esto se merece un shot. O varios.

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