Escuchando:Understanding — Evanescence
Nunca me ha gustado juzgar por las apariencias, desde pequeño me enseñaron que eso es malo. Si bien algunas personas son lo bastante demostrativas como para intuir su cascarón, no deja de ser el cascarón (o poco más) lo único que se puede intuir a partir de las apariencias.
Esta mañana empecé a conocer a una persona que me sorprendió más de lo normal en este sentido. Se trata de una persona que pocas veces había visto y con la que nunca había hablado, aún sabiendo su nombre y compartiendo estudios con algunas amistades cercanas mías.
La impresión que me dio desde lejos era la de una persona seria, muy seria, extremadamente seria, tan seria… (no puedo dejar de reírme). Ahora en serio, siempre le veía con cara de madera, vista al frente, firme, jamás le vi sonreír, ni siquiera cuando hablaba con amigos comunes. Extraño. Llegué a presentir un atisbo del lado de la mala hostia. Esta mañana tenía la sensación de estar hablando con el polo opuesto de la misma persona, el otro lado de la balanza, como si al verle por los pasillos fuera el Sr. Smith y al charlar se convirtiera en Neo.
A los pocos minutos de conversación me dí cuenta de que se trata de una persona sorprendentemente agradable, de conversación amena e interesante, abierta y acogedora. El semblante serio, casi militar, se transformó instantáneamente en una expresión jovial con ojos alegres y sonrisa sincera, de esas con arrugitas en los ojos. En unos pocos minutos me había contado detalles de su persona que yo en su lugar no habría contado al casi total desconocido que soy. Me sorprendió y agradó mucho, por eso tomo nota en mi diario. La próxima vez que vea una cara de madera acercarse estaré atento.


