Leyendo una interesante novela de Neal Stephenson, cuyo título no revelaré para no ser demasiado spoiler, encontré algo que me habría hecho reír hasta la asfixia si no fueran las dos de la mañana:

  
Hackworth mordió un trozo del bocadillo, anticipando correctamente que la carne sería cartilaginosa y que tendría mucho tiempo para pensar sobre su situación mientras masticaba lentamente. Al final resultó que tuvo mucho tiempo; pero como le sucedía frecuentemente en aquellas situaciones, no pudo hacer que su mente se concentrara en el tema en cuestión. Sólo podía pensar en el sabor de la salsa. Si la lista de ingredientes en la botella hubiese sido legible, hubiese dicho algo así:

  
Agua, melaza negra, pimienta importada de La Habana, sal, ajo, jengibre, tomate triturado, grasa de eje, genuino humo de nogal, rapé, colillas de cigarrillos de clavo, posos de fermentación de cerveza negra Guinness, restos de trituradora de uranio, núcleos de silenciadores, glutamato monosódico, nitratos, nitritos, nitrotos y nitrutos, nitrosa, natrilos, pelos de hocico de cerdo en polvo, dinamita, carbón activado, cabezas de cerillas, limpiapipas usados, nicotina, whisky de malta, nodos linfáticos ahumados de ternera, hojas otoñales, ácido nítrico de vapores rojos, carbón vituminoso, lluvia radiactiva, tinta de imprimir, almidón de lavandería, limpia desagües, asbesto de crisólito azul, E-250, E-320 y potenciadores naturales del sabor.

  
No pudo evitar sonreír anter su completa desventura, tanto ahora como en la noche en cuestión.