Hace un año me encontraba rodeado por una niebla que no me permitía ver con claridad. Creía que seguía un rumbo perfectamente definido, pero sólo era una mentira piadosa para seguir avanzando a marchas forzadas.

A través de la fría penumbra avanzaba enérgicamente, en solitario. Sin parar por nada, sin esperar por nadie, dejando atrás las costumbres sanas y desatendiendo a mis mejores amigos, no sin echarles de menos.
Un buen día salió el Sol, cuando menos me lo esperaba. Sus potentes rayos sortearon cuantas barreras se interpusieron a su paso, atravesando los muros en lugar de saltar por encima de ellos.

Su luz me cegó, o mejor debería decir que me hizo tomar consciencia de mi falta de vista. Obligado a mirar en direcciones poco usuales, descubrí sombras donde sólo había penumbra. El calor llegó a las regiones frías y derritió los hielos que tan bien estaban escondidos. Y llovieron flores, a la orilla del arroyo.
Un año después, mis recuerdos se han vuelto ligeramente borrosos, nada extraño en mí. Ojalá pudiera guardar los recuerdos en un lugar mejor que mi cabeza. :wq
Recuerdo una migraña, un beso, una práctica, una llamada, una cita, una chica nerviosa, un coche difícil de aparcar, un jersey difícil de poner, una situación difícil de vivir. Una cena breve, pero intensa. Una experiencia única, un día inolvidable, perfecto. Un 28, como hoy.

Ahora la luz no me ciega, me ilumina. El Sol no me invade, me acompaña. El calor no me derrite, me reconforta. La niebla en la que encontraba inmerso hace un año es ahora un pequeño mar de nubes que contemplo desde lo alto, satisfecho de haberla superado.



Jake a las 21:35 del 28 de Abril de 2005.
Feliz