Hace un año me encontraba rodeado por una niebla que no me permitía ver con claridad. Creía que seguía un rumbo perfectamente definido, pero sólo era una mentira piadosa para seguir avanzando a marchas forzadas.

A través de la fría penumbra avanzaba enérgicamente, en solitario. Sin parar por nada, sin esperar por nadie, dejando atrás las costumbres sanas y desatendiendo a mis mejores amigos, no sin echarles de menos.


