Volver a casa y encontrar a la familia despierta, algo excepcional. No debería, pero así es la vida a veces. Cenar ricas verduras. Pasar un rato maravilloso escuchando a mi hermana con la guitarra y el violín. No hay mayor placer que sentir el amor y la armonía en el aire… hogar, dulce hogar.

Sin embargo, Yaya Ceravieja tiene razón: si una cosa sube otra tendrá que bajar. Esto viene a cuenta de las manchas de sangre que encontré al subir por las escaleras del edificio donde vivo. Un vecino cayó desde el noveno por el hueco de la escaleras y aterrizó entre el cuarto y el tercero, tras arrancar un trozo del techo por el camino. Lo increíble es que sobrevivió y no parecía haberse roto nada, sólo cortes y moratones.

Al par de minutos hablaba y se movía, gracias a lo cual no se ahogó en su charco de sangre. Tres hurras por las dos ambulancias que vinieron pasado un cuarto de hora.