Parece que al fin, milagrosamente, se ha restablecido la
conectividad en esta maravillosa universidad tras un período vacacional (que no vacaciones) de lo más movidito…

Aparte de todo el estrés habitual de estas fechas y alguna que otra “mierda que pisas”, lo más destacado de estas Navidades ha sido lo mimoso que se ha puesto Baikal conmigo.

Se va mi novia de vacas y no se me ocurre nada mejor que pedirle prestado el coche para darle un repasito (que le hacía falta) y muy c*br*n del bicho se dedica a rompérseme en las manos. Después de haberlo limpiado un poco por dentro y arreglado los cordones de la bandeja del maletero, me lo paga haciéndome vivir emociones fuertes.

Iba yo tan tranquilo a 110-120 Km/h por la autopista del Sur camino del aeropuerto para recoger a mi niña empiezo a notar que al coche se le menea el culo y la dirección con un tacto extraño, como mantequilla. Cuando veo que oscila demasiado como para ser por falta de alineado (que también tenía) reduzco y me echo a la derecha, entonces oigo la señal inequívoca de un neumático rajado. Me hecho al arcén para examinarlo y efectivamente tuve que cambiarlo, por otro que ya estaba cascado pero al menos tenía aire dentro.

La conclusión de mi novia es que debería jugar a la Lotería, porque de milagro no me pegué el tortazo. Yo creo que por mucha mierda que pisara la suerte ya se me gastó con el cochecito-leré. Y el taller se ha llevado medio sueldo de la niña, pobresita (literalmente).

Tal como me temía apenas hemos estudiado, aunque el propósito de que eso cambie es tan firme como los mismísimos pilares de la Tierra (sean los que sean). Los Reyes Majos se han portado bien, aunque parecen seguir empeñados en cambiar mi forma de vestir ;-)